La historia empieza con una serie de conversaciones con Natalie (a.k.a La Plastique) a la cual le he contado sobre las experiencias cocinísticas (aquí dice mi mamá que deje de ser tan analfabeta yo, porque se dice culinarias) y decidió colaborar humildemente con su gran sabiduría sobre el manejo de criaturas marítimas.
No había visto mujer tan preparada en la vida como la plastique señores, o será que habrá pensado que en mi casa la estamos pasando muy mal con eso de la crisis, porque mi madre, vino hasta con el pedazo de ají picadito en una fundita, la salsa de tomates y tres plátanos, sin contar que había ya aderezado el camarón y lo traía en envase y todo, de milagro no se trajo el sartén con el aceite y una funda de carbón!.



Como me dijo Judy es cierto que esta vez hice trampa porque no fui yo quien los hizo pero nadie me puede quitar mérito por mis deliciosos fritos verdes que aplasté con tanto entusiasmo. Por cierto, un paréntesis, mientras escribo estas líneas mi querida madre dice "si, se lo comieron, y no me dieron ni a probar!". Ay Plastique ya estás caliente aquí en mi casa, pa' la próxima hay que darle a mami y a papi!.
Si usted es un fiel lector de mi blog ya sabrá que a mi no me gusta comer criaturas que bollen, coincide que a mi amado tampoco, pero dado que era la Plastique la que iba a cocinar decidimos arriesgarnos a ser vilmente intoxicados.
Pues resultó que para nuestra sorpresa, con un botellón de cerveza que le ha echado la Plastique a esos camarones y esa salsita roja con ajo y otros aderezos, hizo que esos camarones estuvieran tan deliciosos que no nos comimos el plato porque Dios es grande.





He aquí lo bien que yo pelé mis plátanos para que quede evidencia que yo si hice algo:

No había visto mujer tan preparada en la vida como la plastique señores, o será que habrá pensado que en mi casa la estamos pasando muy mal con eso de la crisis, porque mi madre, vino hasta con el pedazo de ají picadito en una fundita, la salsa de tomates y tres plátanos, sin contar que había ya aderezado el camarón y lo traía en envase y todo, de milagro no se trajo el sartén con el aceite y una funda de carbón!.



Como me dijo Judy es cierto que esta vez hice trampa porque no fui yo quien los hizo pero nadie me puede quitar mérito por mis deliciosos fritos verdes que aplasté con tanto entusiasmo. Por cierto, un paréntesis, mientras escribo estas líneas mi querida madre dice "si, se lo comieron, y no me dieron ni a probar!". Ay Plastique ya estás caliente aquí en mi casa, pa' la próxima hay que darle a mami y a papi!.
Si usted es un fiel lector de mi blog ya sabrá que a mi no me gusta comer criaturas que bollen, coincide que a mi amado tampoco, pero dado que era la Plastique la que iba a cocinar decidimos arriesgarnos a ser vilmente intoxicados.
Pues resultó que para nuestra sorpresa, con un botellón de cerveza que le ha echado la Plastique a esos camarones y esa salsita roja con ajo y otros aderezos, hizo que esos camarones estuvieran tan deliciosos que no nos comimos el plato porque Dios es grande.





He aquí lo bien que yo pelé mis plátanos para que quede evidencia que yo si hice algo:











