9/21/15

Y en mi vejez, te sacaré la lengua

Cuando pequeños a todos nos hacen la típica pregunta "¿qué quieres ser cuando seas grande?" a lo que respondimos mil veces, y de manera ingenua,  con los sueños de nuestra niñez. Hoy, ya siendo lo que nunca quisimos ser, nadie nos pregunta "y ahora, ¿qué quieres ser cuando viejo?", como si la única opción que hay, entrados ya los añitos, es sentarse a envejecer. Les digo hoy, después de pensarlo fríamente, que cuando yo tenga mi par de decenas más lo que yo quiero ser es "una vieja sinvergüenza".

Así como lo leen, una vieja sinvergüenza. Se conoce comúnmente en nuestro país como vieja sinvergüenza a aquella que se le olvidó que los años le llegaron y se la goza sin tapujos ni complejos, más que los mismos jóvenes. La vieja sinvergüenza ya fue y vino, ya cumplió cuando tuvo que hacerlo y entiende claramente que vivir del que dirán nunca ha mantenido a nadie. 

Ella se pasea con ropas ligeras, agarrando con las uñas el rastro de juventud que le queda. Cuando va a la playa usa bikini sobre tacos adornados y no le importa que las carnes le bailen, 
"qué me importas tú a mí si soy yo quien dirige este baile?. 

No sé porqué las mujeres nos empeñamos en arroparnos con las telas de la "viejetud" para cumplir con el resto cuando con más derecho que todos deberíamos apuntar a ser más libres, más relajadas, más encueras ante la vida, riéndonos constantemente porque los problemas agobiantes de las jóvenes ya son un gracioso recuerdo que nos hizo más sabias y maduras en un momento.

En mi vejez quiero seguir siendo alguien que alborota la mirada de mi esposo, alguien que se siente bella, sensual, y no importa que me encuentres ridícula, porque yo seré feliz y audazmente me voltearé y sin pensar dos veces...te sacaré la lengua.

4/5/15

Mi sofisticado e interesante yo

Con el incremento de exposición que nuestras vidas tienen en las redes sociales a través de distintas aplicaciones  como facebook e instagram es innegable que diariamente nos cuestionamos cuáles son los aspectos  fascinantes de nuestra diminuta existencia que queremos mostrar (o "vender") a nuestro limitado público de followers.

He leído, quizás igual que ustedes, artículos donde se señala que todos subimos fotografías o videos de los momentos felices que podemos capturar, nadie pone los malos, y obviamente esto lo encuentro completamente racional porque no quisiera jamás que nadie viera una foto mía con la cara hinchada después de una película o unos muñequitos tristes, es una imagen pertubadora que no debe perpetuarse en el tiempo. Así mismo, leí otro artículo sobre como nuestra foto de perfil dice mucho sobre el "yo" que queremos que prevalezca en la mente de los demás y también le encontré lógica, me puse a observar algunas imágenes de perfil e identifico "la chica moderna y fashion", "el joven fit", "la mega cocinera", "la super madre y esposa", "el hombre de familia", "el apasionado rockero", "el ecológico(a) vegetariano(a)", "el artista", "el bohemio", "the outdoor explorer". etc., fue divertido explorar las imágenes desde esta óptica. Yo estoy clara que mis fotos de perfil lo que quieren promover es "Aimé ama al chulis, su cosa preciosa y vivieron felices para siempre".

Analizando esto desde una óptica más macro o quizás filosófica, me llamó mucho la atención un extracto escrito por Mark Manson de un libro, este extracto lo leí esta mañana y habla sobre la muerte, sí, bien "darks" (El libro que el resume se llama The denial of death, de Ernest Becker) , y escribe sobre el libro:


"En otras palabras, a los seres humanos se les dio el don de ser capaces de imaginar el futuro y lo que queremos ser, pero el precio que pagamos por este regalo es la comprensión de que un día moriremos . Un perro no se da cuenta que va a morir. Tampoco lo hace un pez. O una cucaracha . Pero nosotros si lo hacemos .

Este conocimiento de nuestra propia muerte inevitable conduce a una especie de siempre presente "terror " que subyace en todo lo que hacemos. Becker sostiene que este terror nos inspira a todos a tomar lo que él llama un "proyecto de héroe", donde intentamos inmortalizarnos a través de nuestras obras y acciones, a crear algo más grande que nosotros mismos que prevalezca más allá de nuestras propias vidas."

Las observaciones de este libro sobre la muerte las relaciono directamente sobre este comportamiento en las redes, pues los viles mortales qué otro medio tenemos para inmortalizar nuestras cotidianidades?  las cuales no son necesariamente mega proyectos que implican cambiar radicalmente el mundo o vidas fantásticas como la de los "rich and famous", pero si son momentos que para nosotros constituyen el climax de nuestras vidas, las trivialidades atesoradas por nuestra memoria.

Aquí entra un componente adicional, un componente que ya no es unilateral sino social, y es que aparte del acto de querer mostrar y comunicar, queremos que estas memorias sean valoradas, que los demás las aprecien y las consideren como momentos verdaderamente interesantes, en otras palabras, queremos "likes". Esto trae un debate sobre lo que soy y lo que hago versus lo que quiero que otros entiendan que soy, y lo que quiero que vean que hago. He escuchado personas decir que prefieren no tener un perfil en facebook porque se sienten presionadas por el contenido puesto por otros y lo poco que está pasando en su vida. Todos queremos ser interesantes. Vendrá esto por el miedo a que nuestra vida, ante los ojos de los demás, no sea una que deba ser inmortalizada? Bueno....

No voy a negar que las redes causan ansiedad, y es gracioso como viramos y torcemos nuestros gustos hacia los temas que agraden más. El peligro de esto es entrar en una competencia en la cual neguemos nuestra identidad por ser ese ente mega interesante y sofisticado que otros en teoría son, y digo en teoría porque una imagen puede esconder muchas cosas. 

Es importante no olvidar que nos bañamos cargando agua en una cubeta porque no llegaba el agua a la casa, que nos sentábamos en un colmadón con los amigos luego de patear en un concierto, que nuestro mejor pana de la universidad era el yaniquequero Juan, que fuimos un nerd en el colegio con poca gracia para las masas populares, que nuestros padres no vienen de la realeza pero han superado la pobreza a patadas y trompadas para tenernos aquí,  que la luz de una lámpara de trementina y un cartón para soplar mosquitos fue nuestra mejor compañía durante millones de apagones en nuestra niñez, que nuestras vacaciones más valoradas consistían en tirarnos de cabeza en una canaleta en san juan de la maguana llena de vacas y que hoy nada se compara con esos días con los primos y hermanos (nuestros primeros mejores amigos) cantando a toda garganta en la parte trasera de una camionetica vieja canciones de Ricardo Montaner y Playero 40.